Monday, November 6, 2017

Como Miguel Pro tocó mi vida... una reflexión de una voluntaria

Con algunas de mis alumnas de cuarto grado de primaria, día familar 2017

Nuestra misión entre los voluntarios jesuitas es una de servicio y formación. Cuando pienso en mi experiencia de servicio en Miguel Pro, me siento que esta experiencia me formó mucho más que podía dar en dos años. Apliqué para los voluntarios jesuitas porque quería crecer en los cuatro valores: espiritualidad, comunidad, justicia social y la vida sencilla. Estos valores son muy queridos para mi. Me siento que son parte de mi personalidad y mi espíritu. Así que, quería vivir estos valores intencionalmente por dos años para fortalecerme. Cuando me comunicaron que iba servir en Tacna, Perú, me emocionó… aún más cuando me explicaron que mi obra sería Colegio Miguel Pro. Me contaron de la fundación y misión del colegio y Habitat. Del inicio fue obvio que Miguel Pro es una comunidad única: unida en la fe y dedicada de la misión. Vine acá con la expectativa de enseñar inglés y la esperanza de colaborar en una comunidad educativa fuerte.
Aprendí que ser voluntaria en Miguel Pro no es solamente ser maestra. Es ser madre. Enseño inglés. También, juego vóley después de las clases. Preparo montones de galletas. Hago trenzas para el grupo de gimnastica rítmica. Ayudo a mis niños con sus tareas. Colaboro con proyectos del colegio. Acompaño mis alumnos—desde los grandes hasta los más pequeños. Abro mi casa para compartir. Abro mi corazón para celebrar los logros y lagrimear las tristezas. Estos fueron los momentos que tocaron mi vida.

Este no es un proyecto ni un trabajo. Verdaderamente es una experiencia... de vivir en familia. Todos nosotros en esta comunidad colaboramos para criar nuestros alumnos, para formar hombres y mujeres para los demás. Así que, no aprendí esto de mis propias esfuerzas. Aprendí de la profesora que me enseño como manejar mi clase. Aprendí de la madre que se preocupa por su hijo. Aprendí de mi alumno que sueña sobre su futuro. Cada persona me formó. Crecí en nuestros valores pero también como una hija, amiga, acompañante… como madre. Entonces, Miguel Pro realmente, concretamente cambió mi vida. Entiendo mejor lo que es participar en una comunidad unida en la fe y dedicada a la misión.  Significa echar una mano, tomar un paso más y mirar siempre más alto…. No para mi pero para mis hermanos y hermanas, hijos de Dios. Ahora, como cada voluntario antes de mi, me toca despedir nuestra familia acá. Y como todos, estoy aprensiva. Es posible que este paso sería lo más difícil. Pero puedo tomarlo porque yo sé que esta familia estará conmigo. Siempre llevaré esta experiencia en mi corazón y en mis acciones, dedicada a la misión de amar y servir. Entonces, sigo con fe y esperanza porque sé que mi camino nunca será el mismo. Será siempre más alto.